Brota esta horrible sensación de querer darme cabezazos contra la pared, pero ganas de que se los dé la persona que ha hecho que la impotencia salga de mí. Que se los dé la persona que me pone de los nervios, que hace que aparezca este filtro con el que veo todo en rojo. Que se los dé la persona que ha conseguido que florezca la molestia en mí. Que se los dé la persona que me ha llevado a sentir esta rabia que me quema por dentro, pero que no puedo expresar por fuera, porque se que me arrepentiré de mis actos.
Es ese el momento en el que nadie te debería tocar, porque eso sería lo que detonaría la bomba que llevas dentro. En ese instante necesitas sacar todo ese veneno que han metido en ti, pero la mayoría de las veces no puedes, por orgullo, porque cuando más rabia da algo, es cuando no quieres aceptar que la persona que quieres que se golpee contra la pared tenga razón.
